Tuesday, February 25, 2014

Corea: La isla Jeju XI

Vino un periodista de la tele de Jeju al hostal. Iban a hacer un programa en el que querían exponer la dificultad del viajero extranjero solitario para moverse por la isla, debido fundamentalmente al idioma. Encajaba en el perfil de lo que estaban buscando, pero no estaba de acuerdo en que fuera difícil. El tipo decía, que todos los que venían de China decían eso: si comparaban, Corea era una maravilla; pero no querían que los comparasen con China, porque no tienen nada que ver con ese horripilante país, simplemente, creen que las cosas deberían ser mejor. Se quedó horrorizado de saber que llevo tanto tiempo en China. Me preguntó qué hacía al día siguiente. Quería que fuera al mercado, y allí, mostrar mi dificultad intentando comprar algo y que la tendera no hablara inglés; que fuera a la estación de autobuses, y allí, todo en coreano, sólo Cristo  sabe qué autobús tomar. Pues no, yo me iba al bosque. No iba a echar a perder mi último día de vacaciones para hacer el primo en la tele. Si me hubieran ofrecido dos o tres mil euritos por salir haciendo el ridi, pues, se podía haber considerado, pero así, sin más, nada de eso. 
Me fui al bosque Jeolmul, también a los pies del volcán, y no lejos del bosque de Saryeoni.
Un bosque de cedros de unas 300 hectáreas. Hacia un frío, pero un frío que pelaba. Me alegré enormemente de no haber subido el volcán, porque hubiera sido una tragedia. Este bosque no está elevado como el volcán, pero había una ventolera con nieve de flipar. Llevaba puesta la ropa de más abrigo que tengo o que sé ponerme: camiseta térmica, polar cañero y el anorak de sudar tinta china, que sólo me lo he puesto en situaciones de frío extremo, como en Xian. Pues, parecía que iba en camiseta, se me quedaron los trozos de cara en los que me daba el viento, que parecía que se me iba a romper y a caer al suelo. En serio, ¿qué hay que ponerse? Se lo pregunto a ustedes porque yo no lo sé.
La foto de arriba no está en blanco y negro. Había trozos del paisaje en escala de grises.
No sabía que Jeolmul era tan grande, pensaba que era más un parque, y aquel caminito… no se acababa nunca. No había prácticamente nadie. Me crucé con una comitiva de media docena de abuelos, que llevan ritmo militar e iban abrigados hasta los dientes, tenían cara de en vez de estar disfrutando el día, decir: “Esto se trata de andar o morir”.
Al final llegué a una especie de parque en el que no había nadie, con una fuente de agua de la montaña que era como beberse una estalactita, unas casucas con nombres de frutas y árboles -que yo diría eran saunas-, unas estatuas y muchos pájaros. Lo de la sauna me pareció la mejor idea del mundo en aquel momento, llamé a todas las puertas, pero parecía estar todo cerrado. Vi a una mujer pero desapareció. Los pájaros negros, son los típicos de Jeju, hay muchísimos, y tienen una pedazo de voz, son bastante inquietantes. Había por lo menos dos docenas de ellos muy cerca de mí, me observaban y  parecían comentar entre ellos: “Mira qué pava esta tía. Qué frío tiene”. Me acuerdo cuando llegué a esta zona se me empezó a ir bastante la pelota, ese parquecito, tenía un tinte de alucinación. No tenía ni idea de dónde estaba, y me costaba entender las indicaciones de: por aquí al parking… por allá al baño… y caminé un poco más en una dirección al azar y ya estaba en la salida.
Entré al único sitio que había para templarse. Una mini tienda que vendía bebidas y snacks. Había calefacción. La dueña de la tienda veía una telenovela coreana -con una vieja, que parecía su amiga, o igual su madre- con notado entusiasmo. Tengo entendido que los coreanos están muy enganchados a las telenovelas de producción nacional. Me tomé una sopa instantánea y, poco a poco, la vida volvió a mí.
A menos de un kilómetro a pie estaba el centro de observación de corzos. Al que quería haber ido, pero no había entrado en calor lo suficiente, cuando de pronto vi ¡el autobús! El que pasa cada media hora o cuarenta y cinco minutos. Y de un salto subí a él.


5 comments:

  1. Antes hacia cosas así,
    con la edad te calmas y
    te encanta estar en casa.

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    1. Ese es el problema, que estoy todo el día en casa: de la silla del ordenador- a la silla de la mesa de dibujo -al sofá- a la cama. Así que, para una vez que estoy en la naturaleza, estaba echaba una fiera.

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  2. vaya! pues podía haber salido en la tele un ratito, mujer. que no todos los días tiene uno la oportunidad de ser una celebrity de la tele coreana.
    sobre el frío... y el qué ponerse... es que yo ya con ese frío no me pongo a hacer el cabra por ahí, pero bueno. calcetinorros, chaquetón y gorrete. camiseta de felpa de manga larga. y a correr.
    correr o morir. esa es la idea.

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    1. ¿Felpa ha dicho? ¿Cómo la del albornoz?

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  3. La clave es ponerse muchas capas. Pero yo tengo frío de todas formas.

    Nunca he hecho dumplings en casa! Mis ridículos intentos han sido en competiciones en la universidad (nos llevaron a todos los guiris a un concurso de envolver jiaozis) y en ese hostel de Xian. Pero la madre de C. nos da tuppers gigantescos congelados y los vamos sacando, sí :D

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