Wednesday, September 25, 2013

El almohadón


Este verano cuando estuve en Bayona me topé con un mercadillo de cosas de segunda mano. Allí vi dos estupendos almohadones, de los de antes, de los de abuelo. “¡Qué algodón tan gordo y tan bueno!” me dije. Aunque eran muy blancos y lustrosos, uno tenía una mancha fea. La vendedora me dijo: “A esto le pones una gota de lejía, lo frotas con jabón de Marsella y chin pun, desaparece”. Así hice cuando llegué a Logroño; la mancha desapareció. Contenta los metí en la maleta a China. En Ikea no encontré relleno del tamaño exacto porque eran almohadones de los de antes, no tenían una medida estándar. Los planché. Miré mi cama con los nuevos almohadones con satisfacción: qué buena compra había hecho.

Entonces, los estrené. Apoyé mi cara sobre el buen algodón bien planchado, y: mal rollito. Empecé a pensar. Esos almohadones, de los de antes, tenían que haber salido de la casa de unos abuelos. Y, ¿cómo había sucedido? Obviamente, porque la habían palmado. Si no, de qué se iban a deshacer de unos almohadones tan buenos. Y esa manchita fea… ¿Cómo se mancha un almohadón? Terror, lo vi claro: ¡era la baba de la muerte! Sí, un abuelo la había palmado en ese almohadón en el que ahora yo reposaba mi cara. Se habían deshecho de las sábanas porque nadie quiere guardar la ropa de cama donde ha fallecido alguien. Habían llamado a los que vacían pisos y les habían regalado los almohadones que luego yo había comprado en el mercadillo. ¡Arrea!

No pude y no he podido quitarme la idea de la cabeza. Los almohadones aún me gustaban, estaban muy bien lavados. Pero, mi cara no era la única que reposaba allí, en otro espacio-tiempo había alguien más. El supuesto abuelo que había fallecido estaba también allí, ahora compartíamos almohadón. Cada día tomaba más y más forma, hasta que era un hombre largo y estrecho, tenía la cabeza apepinada, apenas tenía cabello y manchas en la piel. Giraba su cabecita, que interseccionaba con la mía en la almohada, y caía la baba de la muerte.

Pues oigan, no ha habido noche que no haya pensado algún momento en ese abuelo. Eché a lavar los almohadones y los metí en el armario. No me apetece volver a usarlos.

8 comments:

  1. eres mitad china mitad española
    te gusta lo nuevo
    como a los españoles y a los chinos

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  2. oiga, pues le ha quedado un relato de terror la mar de apañado!! la realidad supera a la ficción.
    yo casi casi que hubiera hecho lo mismo.

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    1. Gracias Tolya. Un piropo viniendo de ud.

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  3. Que horror hija que mal rollera eres... Anda que comprarte un -no dos!- almohadones a quien se le ocurre que baba ni que yayo muerto!!! No me sea usted absurda la lejia lo mata to hasta la muerteeeeeeeeeeeeeeeee

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    1. Limpios están. Pero hay ahí presencia.

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  4. es la funda solamente? yo estaba pensando que tenían relleno y todo, y que cómo los habrías metido en la maleta jajaja.

    Tía no sé, yo creo que no notaría ninguna presencia ni nada... si son buenos pues se usan! jajaja

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    1. Claro, la funda. ¿Cómo me voy a comprar el relleno? Se me va a menudo la pelota, pero tanto, tanto, no.

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  5. yo hoy todavia trabajo... me voy esta noche!

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