Thursday, September 19, 2013

PK 14

PK14 (Yang Haisong) venía a la Mao Live House. Había sacado disco después de muchos años y me apetecía ir. No es que me guste especialmente el tipo de música que hace, pero cómo es un icono cultural pequinés, pues eso. Además, la música en directo en Shanghái deja mucho que desear y pa algo que hay que ver, hay que ir. El otro día comentaba con Irene, que esto parece un desfile de glorias muertas. Los que triunfaron en Occidente hace 20 años ahora vienen a tocar aquí, y encima las entradas son carísimas, como por ejemplo: Suede. (Y no hablemos de cuando vino Kylie Minogue, y estar en las primeras filas creo que valía 300 o 400 euros). Pero bueno, volviendo al tema, el concierto de PK14 no estuvo mal, pero vaya. Es que, grita mucho este chico y a mí no me gusta que me griten ni que sea cantando. Además, siempre dicen que la gracia está en la letra, que es poeta, pero yo no sé lo que dice. Y vino al concierto una taiwanesa y nos dijo que ella tampoco se empapaba de nada de lo que decía. Si es que, grita demasiado.
Aquí hay una entrevista muy completa al personaje, en la que explica cómo fue de los primeros chinos en hacer música después de la apertura del país y esas cosas. Aquí  el vídeo de Qué majestuosa es la noche.

El Sr. X vino de casualidad, porque en realidad no le gusta la música, y mucho menos en directo, y aún menos el punk chino. Vino, porque su plan era: esperar a su cita en Starbucks hasta que se cansara de jugar a videojuegos en su casa y se dispusiera a salir. Y le dije: "Pues vaya cuelgue esperar a alguien en Starbucks por la noche indefinidamente". Y entonces vino al concierto. Su cita estuvo jugando a videojuegos desde las siete de la tarde hasta las cuatro de la mañana. Para que luego digan que las drogas son malas y de los videojuegos ni hablan.
Me tomé dos copas muy malas –porque en estos antros de juventud ya se sabe: purita gasolina- y me puse borracha. No era tarde pero me fui a casa. Cuando llegué, me di cuenta de que había echado a lavar las sábanas y no había hecho la cama. Con el pedo que llevaba ni pensar en sacar unas sábanas del armario ni que fuera para enroscarme en ellas. Qué pereza, por Dios. Pensé: “Hace calor, pero ¡qué calor tan tremendo hace!”. Me quité la ropa y me eché encima del colchón ocho horas seguidas.
Jo, al día siguiente estaba fatalísima. Parecía que tuviera el Anticristo en el pecho. Cogí mucho frío. En realidad, no hacía el calor que parecía que hacía, y fue justo el día del cambio de tiempo. Estuve una semana entera con bronquitis y fiebre. Y, otra más acabando de recuperarme. Psss, de qué manera más tonta.


Tuesday, September 17, 2013

Espejito, espejito

Espejito, espejito, dime quién es la más bella.

Sunday, September 15, 2013

La fiesta del 11-S

El pasado 11 de Septiembre un club de Shenzhen, el Angel Baby, hizo una fiesta temática del 11-S: musulmanes, soldados americanos y metralletas de juguete. Ha habido cierto revuelo entre los americanos residentes en China que lo han encontrado de mal gusto.

Friday, September 13, 2013

Loco país, locas costumbres II


A E le pasa lo mismo en los viajes de trabajo. Su caso es un poco diferente, pero el resultado es el mismo: secuestro, anulación de la individualidad. A menudo, lo envían a California o a otras ciudades por asuntos de trabajo. A E le encantan los extranjeros y esto suena a oportunidad perfecta para conocer a alguien. Porque en China hay mucha competencia, los extranjeros tienen tanto chino donde elegir. Pero no, allí están sus jefes chinos en América para no dejarlo sólo ni un momento. Como es costumbre, tiene que compartir habitación de hotel -cuando hay presupuesto de sobra- porque esto se trata de convivir. Y cada día lo tiene todo organizado desde las 7 de la mañana hasta la media noche. Y tiene que ir a los banquetes, y al parque de atracciones y montarse en la montaña rusa con su jefe, y brindar mucho, e ir al karaoke y cantar canciones románticas chinas.
Pero lo mejor fue aquello que le hicieron hace casi un año. No estoy segura de si ya os lo conté. Su jefe le dijo que le había elegido “el mejor empleado” y que el premio eran 20.000 yuanes. Pero, que sólo lo elegiría mejor empleado si gastaba toda esa suma en regalos para sus compañeros. Se quedó perplejo, pero aceptó, porque el resultado era el mismo: cero yuanes para él, pero el honor de tener el título de “mejor empleado”. Y así fue cómo hicieron el teatrillo: Un día se hace una ceremonia, la empresa le entrega el dinero delante de los empleados. Unos días después, E viene cargado de regalos –que la empresa ha comprado; en realidad, él nunca tocó el dinero, sólo posó para la foto-, ¡qué emoción en la oficina! ¡Qué gran empleado! ¡Qué generoso! Yo le pregunté si la gente no le hizo preguntas, si se lo creyeron de verdad. Me dijo que nadie le preguntó nada pero que todos se imaginaron que eso era cosa de la empresa.

Monday, September 9, 2013

Loco país, locas costumbres I

Mucho se puede escribir sobre cómo es trabajar en China, pero sólo voy a contar lo divertido. Como de mi trabajo obviamente no puedo hablar, os voy a hablar del de los otros.
El Sr. X trabaja en una de tantas empresas chinas que necesitan a un extranjero: por el idioma, o por el punto de vista, o por los conocimientos, o por los contactos en el extranjero, o para dar imagen. Algunas de las particularidades chinas que nos chocan a los extranjeros por mucho tiempo que llevemos aquí son: el concepto premio-castigo y la obligación de hacer peña con los compañeros de trabajo. El ejemplo más claro de premio-castigo son las vacaciones. Cada vez que hay un día festivo por ahí suelto hacen puente, y luego te toca trabajar 7 días seguidos. Las vacaciones se recuperan. No sé qué es peor.

Al Sr. X le dice su empresa: “Ala, nos vamos todos (tanto si quieres como si no) a Tailandia a hacer team building. ¡Fiesta! ¡La empresa cubre con todos los gastos!”. La empresa cree que esto es un regalazo. De hecho, se gastan una pasta, pero, ¿quién quiere irse con su jefe y compañeros de trabajo a Phuket? Con lo feliz que harían a la gente con sólo un pequeño extra en su cuenta bancaria en vez de viajes forzosos. Cogen un vuelo un miércoles por la tarde nada más salir de trabajar. Aparecen el jueves en un hotel de cinco estrellas (Esto es muy chino. Como son tantos, hacen reservas para muchísima gente y consiguen buenas habitaciones de hotel tiradas de precio). Pero… hay que compartir habitación. Y no es para ahorrar, porque por la misma, podían haber buscado un hotel más barato y ofrecer a cada empleado su habitación. Hasta los jefes megapastosos de las compañías, en este tipo de viajes comparten habitación, porque es ‘divertido’, tan divertido para los chinos como ir de campamento y esas cosas. Y va y te toca con el chino ese de la oficina con el que no hablas nunca porque es un pan sin sal. Y además, te toca un baño de esos dentro de la habitación cuyos muros son de cristal, y puede ver tu silueta  y algo más, mientras cagas o te duchas. Y bueno, pasas a un nivel de intimidad con ese compañero de trabajo con el que querías seguir sin hablarte que no veas, convivencia a tope.

En esos viajes todo está programado, tienes actividades preparadas todo el tiempo. Y finalmente, no trabajas 8 horas sino 24, porque no te dejan sólo ni para rascarte la barriga. Llegan los tremendos banquetes de trabajo, las decenas de brindis. Y al Sr. X le dicen que lo tiene que pagar de su bolsillo, que pagan el hotel, el vuelo, pero no ‘la fiesta’. Y tiene que pagar unas comidas que no quiere, marisco que le da alergia, con gente que no quiere, cinco días seguidos.

Phuket, los chinos no saben qué hacer en un entorno natural espectacular, así que, se van al pueblo porque hay una tienda Apple a mirar portátiles. Dios mío, ¿quién en la Tierra se va a Phuket a mirar ordenadores? También se van a Starbucks a tomarse un café porque dudan de cualquier tipo de bebida local.

Las aventuras: dos compañeros de oficina alquilan una moto. Se estrellan contra un coche.  A él no le ha pasado nada, ella ha perdido la memoria, no recuerda quién es ni qué hace en Tailandia. El coche está hecho papilla. Aparece un policía echando pestes de los chinos. No les deja moverse hasta que paguen el coche que han roto. La que está amnésica sigue allí, nadie la lleva al hospital. Va el jefe chino a negociar. El policía dice que o le dan 1200 euros al conductor o les quita los pasaportes a todos y nadie vuelve a China. El jefe chino suelta la pasta. El policía le da 700 euros al conductor y él se mete en el bolsillo 500 euros. Delante de ellos. Sin despeinarse. Los chinos indignados con Tailandia, con lo honrado que es su país (o eso creen) y lo ladrones que son en Tailandia.

El Sr. X se ha quedado sin fin de semana, secuestrado por su empresa en Phuket, trabajando día sí, y día sí, y día sí, desde el lunes pasado. Entonces, empieza el castigo ‘por haberlo pasado bien’: Es la noche del lunes al martes, las 2 de la mañana, cogen un vuelo a Shanghái. Cuando llegan, sin dormir, tienen que ir directamente a la oficina a trabajar. Todos como zombies. Imagínense lo que se puede rendir un día así. Aquí no acaba el castigo. No sólo trabajan 13 días sin descanso, sino que, les anuncian: “Os vamos a quitar dos días de las vacaciones nacionales (que son sagradas) porque ya habéis tenido vacaciones en Tailandia”. Y les pasan un documento que deben firmar y estar de acuerdo (o buscar otro trabajo, claro).

Saturday, September 7, 2013

El cumpleaños del Sr. X

Nada más volver, fue el cumpleaños del Sr. X. Esta vez nos sorprendió con una cena muy rica en un restaurante chic en el que hacen lo que se llama ‘nueva cocina shanghainesa’. En esta ciudad, si quieres que algo no se sepa, mejor no se lo cuentes a nadie. Los cotilleos corren como la pólvora entre chinos y extranjeros, es como si la gente no tuviera otra cosa de qué hablar más que de los demás. El Sr. X había reservado una habitación en el restaurante. Cuando llegué –y para mi sorpresa- pensé que sólo conocía a dos personas, pero en realidad, sabía cosas de todos. Poco a poco los fui ubicando, en realidad, podía había escrito tres o cuatro folios de la sexualidad de cada uno de los que estaban a la mesa. Esto es horrendo, porque luego, me están hablando y en vez de prestar atención a su conversación estoy pensando en el pubis rasurado de la señora de 55 años (no sale en la foto), o el que se lo hace con el uniforme de Mao puesto, o en el agujero -del piercing en el prepucio- por el que sale el semen, y se me revuelve el estómago.
Uno de los invitados nos contó que trabaja en un banco de semen y que le parece "un trabajo de ensueño". Dice que por donar semen pagan 200 yuanes, pero cualquiera no está capacitado. Los requisitos son un test de inteligencia, hay que ser mucho más listo de lo normal; China no quiere hijos tontos. Y en absoluto hay requisitos de ser guapo o feo. Por curiosidad he mirado los requisitos en España: no hace falta ser listo, pero si estar sano, y tienen en cuenta el aspecto físico y la personalidad; y veo que pagan una pasta.
Cuando llegó la cuenta había un problema técnico. El Sr. X nos invitaba al suntuoso banquete, pero resultó que las bebidas valían casi tanto como la cena. No nos lo explicábamos, si casi todos habíamos bebido Tsingtao, la cerveza (más parecida a la gaseosa que a la cerveza) barata por excelencia, pero había dos que habían pedido vino (en China no se puede pedir vino), y no parecían estar dispuestos a pagar. Yo flipo de la cara que tiene la gente. De pronto, se levanta el célibe –un tipo que se auto declaró célibe hace unos años y sigue creyendo en ello-, que por cierto, no había bebido vino, y dice: “Ya pago yo las bebidas de todos. Si total, a mí esto no me hace nada”. Y soltó 150 euros en la mesa sin despeinarse. Y lo mejor de todo, sólo conocía al Sr. X de haberlo visto una vez, en plan, “hola y adiós”.
Después de la cena nos despedimos de la mayoría de los comensales y los más amiguitos, por deseo del Sr.X, nos fuimos al 390, conocido como el bar de los bisexuales. Es un bar con pista de baile al fondo y la música no mola. En ese bar la gente es muy sociable. Por accidente, se cruzan tus ojos con los de otra persona un segundo, y ya está ahí dándote la brasa. Enseguida te invitan a una copa y hablan, hablan y hablan, y me dan ganas de decirles que no gasten saliva que no me van a llevar al catre. En Shanghai Studio la gente también es muy sociable pero es un sitio más gracioso, más divertido, donde hay más gente locuela. En el 390 hay más parejas aburridísimas que quieren “experimentar”. Había dos camareros extranjeros. Esto es algo que no se suele ver, porque los camareros están mal pagados. Sendos iban con el pecho al aire y una minifalda escocesa. Alguien en el bar me dijo que uno de los camareros era español. Me acerqué al que tenía aspecto ibérico de los dos. Era un chico muy simpático de Barcelona, estaba haciendo prácticas de empresa en Shanghái y el fin de semana se sacaba unos durillos en el 390. Pensé: “Ay, cómo está la crisis en España que los chicos españoles se ponen de esta guisa por unas monedas”. Cuando llegué casi no había españoles en Shanghái, ahora hay a patadas.