Saturday, August 20, 2016

Verano candente

El verano está sobrevalorado. Menudo asadero. Salgo poco de casa para no derretirme. Todo el mundo está de vacaciones. Un país se detiene. Todos los sitios están llenos de gente. Simplemente, comparen: Octubre, un mes maravilloso infravalorado; Agosto, un infierno candente. Y bueno, al fin y al cabo vivo en el Norte de España, los que viven en Andalucía, es que, no lo entiendo, de verdad.
A Joselito el calor no le va nada. Ésta es su pose de yoga de desparrame de estómago por el suelo para refrescarse. Lo que más le gusta es meterse debajo del tendedero, recién tendidas las sábanas, a modo de jaima árabe.
Así que salgo al anochecer. El amanecer me gusta aún más, pero parece que es más difícil. No es el levantarse, es el conseguir poner un pie fuera de casa antes de las ocho. Hay un ángel exterminador que no me deja.
Mi trozo favorito del río es también el trozo favorito de los naturistas. Al principio me enfadé. Voy allí a deleitarme con la belleza de la naturaleza, y mi éxtasis estético hecho añicos, teniendo que ver a esta insistente gente en enseñarle al mundo, sus horripilantes cuerpos desnudos en comunión con la naturaleza. Aunque, quizá también estén en su derecho a disfrutar el río a su manera. En la orilla del río no nudista están las familias con niños que gritan espeluznantemente, y nadie duda de su derecho ni un momento.
Un día hice un mini vídeo "Ophelia". La vez siguiente me dijeron que justo en ese mismo lugar se ahogó una chica. Y también allí mismo a un chico lo sacaron los bomberos. Al parecer, no pasa nada por nadar, pero al bucear, una corriente subterránea te traga. En el puente, un chico joven se quedó parapléjico al calcular mal y golpearse cráneo y espalda con la roca.
Cuando había sequía, los lugareños -que son muy religiosos- sacaban al santo del monasterio, lo bajaban a hombros hasta la orilla del río y amenazaban con tirarlo a esa misma poza si no mediaba para que lloviera.
Para que veáis qué carácter gasta la gente por estos lares.

Thursday, August 18, 2016

Conversaciones robadas V: El conejo




Una madre a su hijo: "¡Miiiraaa, el conejito!"


Uno a otro: "¿Qué animal es ese? (...) ¡Uy, un conejo! ¡No puede ser!"


Otro a uno: "¡Miiira! Un conejo. ¡Qué pedazo de conejo!"


Lo que más me preguntan en la calle es: "Pero, ¿lo crias como mascota o para comértelo?"


A escasos km de aquí hay un pueblo cuya especialidad es el guiso de conejo.

Wednesday, August 17, 2016

Conversaciones robadas IV: La agresividad

Una señora a otra.
-Primera señora: "Oye, ¿de qué color es tu vestido?".
-Segunda señora: (No contesta)
-Primera señora: "¿De qué color es tu vestido?"
-Segunda señora: (Silencio)
-Primera señora: (Con agresividad y gritando) "¡¿No me oyes?! ¡Te estoy preguntando de qué color es tu vestido!".
(Por los clavos de Cristo, ya quiero saber de qué color es su vestido. No entiendo esos silencios a una pregunta tan elemental. Me levanto de la silla y me asomo por la ventana para ver de qué color es su vestido)
-Segunda señora: (Enfadada, balbucea) "¡Qu-qu-qué más da de qué color es mi vestido! ¡Me gusta y punto!".
(Deriva la conversación en una pseudopelea. El vestido era de un color cuaternario, entre el marrón y el gris. De ahí deduzco su dificultad para expresar el color. No era simplemente marrón, tampoco pudiera decirse que fuera gris)


Otro día, llega un coche con un remolque y aparca en la calle que sólo se puede parar cinco minutos. Estaciona el coche de una manera que bloquea el acceso al domicilio del vecino. Si bien es cierto que tiene la cortesía de dejar unos centímetros para que salga el propietario de medio lado y haciendo acrobacias; también es cierto que no puede salir. Se trata de tres personas mayores que caminan con dificultad. Los tres están en el quicio de la puerta de su casa y ven que este tipo los ha bloqueado. No iban a ninguna parte. Simplemente, ocupan el día saliendo y entrando, paseando calle arriba, calle abajo. El conductor y su copiloto parecen padre e hijo, los propietarios bloqueados en su casa delante de sus narices van de los setenta y pico a los ochenta y pico.
Estos últimos se manifiestan tímidamente:
-"Oooye...  has dejado el coche de una manera que no podemos salir...".
Una persona normal, se hubiera metido en el coche y lo hubiera desplazado un par de metros para bloquear un portal cuyo inquilino no esté presente. Pero, sin embargo, ¿qué hicieron?
-El conductor cincuentón: "¿Qué pasa? ¿Es que es tuya también la acera?"
-Los setentones: "Pues no. Pero hombre, ¿no ves que no podemos salir de casa?"
-El cincuentón: (Alzando la voz) "¡Tengo derecho a parar! ¡Sólo voy a hacer un recado!"
-Los setentones: (Cabreados) "¡Pues aparca en otro sitio que está la calle vacía!"
-El cincuentón: (A gritos) "¡Cabrón, que eres un cabrón!"
-El setentón: (Indignado) "¡Y tú un bobo!"
-El cincuentón (Pasa por el costadillo del coche y lo agarra con violencia de la camisa haciendo amago de elevarlo del suelo. Todo apuntaba a que le iba a zurrar, pero finalmente, lo suelta y le dice a la señora de más de ochenta años que no había abierto la boca): "Puta".
-La octogenaria: "Puta, tu madre".
El cincuentón y su copiloto mudo se montan en el coche y se van sin hacer el recado de muy mal gas.

Qué situación tan violenta y mal rollera de rebeldes -de edad avanzada- sin causa.

Monday, August 8, 2016

Conversaciones robadas III: Sobre mí

Un viejo pone al corriente a otro:
-"Tengo entendido, que la gente que ha comprado esta casa debe ser de lo más *especial*".
Estaba asomada al balcón y prácticamente me lo ha dicho a mí.  Al ser consciente de haber sido escuchado, se avergüenza -brevemente- y se va.


Tres viejos sentados frente a la fachada de mi casa comentan:
-"Fíjate cómo riega. Va a ahogar las plantas".
-"Se pasa el día regando. Qué barbaridad".
-"Y lo que mancha".
-"Pues yo no sé cómo mancha tanto. Debe echar los posos del café".
(En mi defensa: riego una vez al día en verano. Y procuro que no caiga ni una gota, a veces, sí cae alguna. El vecino de enfrente prepara las cataratas del Niágara cuando riega sus geranios y todavía no he oído que hablen de él)


Mirando la fachada de mi edificio, comentan en la calle:
-"Esta casa... Con lo bien cuidada que la tenían sus dueños. (Mentira. Es sólo una leyenda) Y mira cómo está ahora."


Le dice la dueña de la tienda de comestibles -la persona con la que más he hablado en el pueblo- al repartidor de yogures:
-"Este parece el edificio fantasma" (Refiriéndose a mi casa).
-El repartidor: "O sea, que no hay movimiento".
-Ella: "Eso".

Friday, August 5, 2016

Conversaciones robadas II: Las drogas


Dos señoras mayores:
-Primera señora: "¡Ey!"
-Segunda señora: "¡Ay!. Estoy con un dolor... malísima".
-Primera señora: "Vete a que te metan un chute o algo".

Otro día, dos mujeres hablan de zapatos de tacón. Una le dice a la otra:
-"Yo sobrevivo por el ibuprofeno".


Uno habla, otro escucha:
-"¿Has visto a fulanito? (sorprendido). Ese vendía drogas y acabó en la cárcel. Lo han debido soltar. Hizo las Américas... Tonto no era, pero lo pillaron."

Thursday, August 4, 2016

Conversaciones robadas I: El tiempo


Vivo en un lugar en el que la gente habla alto, muy alto, increíblemente alto y claro.
Conversaciones robadas es una serie por entregas -en el blog, ja, ja- de exactamente eso, conversaciones que acontecen en la calle y escucho dentro de casa.

En un día muy caluroso, al atardecer, cuando se empieza a estar bien, después del largo frío, una vieja dice:
-"Total, son cuatro días que tenemos de verano y diez de invierno".


Conversación entre tres hombres el primer día de calor en el pueblo:
-Primer hombre: "Hace calor".
-Segundo hombre: "¡De cojones!".
-Tercer hombre: "Lo mejor del sol, la sombra".

Tuesday, August 2, 2016

Simon Hanselmann

Seguro que ya lo conocéis todos. Yo lo he descubierto este año. Me chiflan sus cómics.
Me he leído dos. Duran menos de 24 horas; 48 si intentas estirarlos mucho. "Hechizo total" es chulísimo. Tiene unos dibujos maravillosos, sencillos y muy expresivos. Las historias son muy divertidas. Va de un reducido grupo de amigos que se dedica a drogarse como si no hubiera un mañana.
"Bahía de San Búho", es más de lo mismo, parece una continuación. Aún siendo divertido los dibujos son un pelín más feos, dentro de que son muy chulos. Parece que lo ha hecho con prisa o desgana (opinión personal), pero también es recomendable.
Una entrevista:
Su web: http://girlmountain.tumblr.com/

Saturday, July 30, 2016

Las excursiones V

Cuando llegamos al embalse, después de toda la caminata, me quería bañar y me quería bañar Y ME QUERÍA BAÑAR. Desde un primer momento Ni se posicionó: "Te vas a ahogar. Yo no me voy a tirar a rescatarte porque mi vida es lo más valioso que tengo. Los moribundos sacan una fuerza sobrehumana, me vas a echar un brazo al cuello y me vas a hundir en el fondo del embalse. Ni siquiera voy a pedir ayuda porque no hay cobertura. Haré un vídeo de cómo te ahogas y lo colgaré en youtube". Pues vaya.
Intenté entrar por una orilla, por la otra. Parecía muy fácil, pero era engañoso. Al aproximarme al agua los pies se hundían en la tierra. La orilla era una pendiente de barro. Si me hubieran echado una mano, una cuerda, hubiera salido, creo yo. Pero todo apuntaba a que me iba a enterrar en el barro a cada paso, si no al entrar, al salir casi seguro. Pasaba un señor por allí, e hice amago de anunciar que me iba a meter al agua, a ver si caballerosamente decía algo así como: "¡Adelante! Disfruta y no te preocupes. ¡Estoy por aquí para lo que necesites!". Sin embargo, dijo alto y claro: "Yo no me voy a tirar al agua a por tí".
Así fue cómo me quedé sin baño. Para qué engañarnos, no soy una fabulosa nadadora, ni una atlética trepadora de laderas de barro. Tanto me habló Ni de toda la gente que la palma cada año por bañarse en un embalse, que cuando llegué a casa busqué en Google. Y, efectivamente, unos 500 al año sólo en España. ¡Casi nada! El perfil es de inmigrante joven que no sabe nadar. Pero también, algunos buenos nadadores la han palmado. El tema de los embalses es que engañan con sus aguas calmas, pero la realidad es otra bien distinta. La temperatura de la superficie es superior a la temperatura del fondo, por ello se forman unas corrientes internas que, según algunos avezados nadadores que han salvado el pellejo, te arrastran inexplicablemente hacia el fondo. Otros motivos de ahogamiento son: el no poder salir y hundirte en el barro; enredarte en ramas y algas; sobreestimar la capacidad física y ponerte a nadar una distancia muy superior a tus fuerzas; y el más absurdo de todos: tirarse de cabeza desde una roca o un puente sin saber la profundidad.

Las excursiones IV

 Buitre leonado