Sunday, December 16, 2012

Los recortables chinos

Queda menos de una semana para que me den las vacaciones e irme a España. ¡¡Qué ganas!!
Este es mi primer recortable chino…
…y éste, mi último recortable chino:
Lo de los recortables viene a cuento de que este año me cayó –como una losa- una asignatura sobre cultura asiática, en concreto: Japón, Corea y China.  De la que no sólo tengo que enseñar, sino crear los contenidos.
Los recortables los inventaron los chinos; como eran los únicos que tenían papel… Debió surgir así: Un chino se iba a cortar las venas, tenía una cuchilla en la mano, pero no acababa de decidirse. Mientras vagaba absorto en sus pensamientos empezó a rascar un papel que había encima de la mesa. Una raya otra raya, una figura empezó a tomar forma. El tipo cobró interés en lo que estaba haciendo y pospuso cortarse las venas para otro momento. Cuando acabó se sintió satisfecho, se fue a casa y lo colgó en el cristal de la ventana.
Unos meses después, le volvieron a entrar ganas de acabar su vida, cogió su cuchilla… y sin pretenderlo volvió a hacer otro recortable. Se fue a su casa y lo colgó en la otra ventana. Los vecinos hicieron corro frente su puerta, ante este innovador modo de decoración. Le copiaron sin pedir permiso siquiera, y en menos de dos semanas, en su pueblo todos hacían recortables. Los padres enseñaron a sus hijos que cuando tenían una cuchilla en la mano, la forma menos dolorosa de abandonar el mundo temporalmente era rascando un papel rojo. Surtió tal efecto este arte-terapia que se extendió a penas en unos pocos siglos por toda China, luego, Oriente Medio, y finalmente, Europa.
Los recortables chinos, son como el punto de cruz, como el ganchillo. No sabes qué hacer contigo mismo, y en vez de hacer algo malo de verdad, como coger una pistola y matar a veinte personas, pues te pones a rascar el papel, entras en trance y ya has pasado la tarde inofensivamente.
Por si alguien no sabe de qué va el tema de los recortables, adjunto aquí uno de estructura intrincada:
 

Monday, December 10, 2012

Más de lo mismo

Nada ha cambiado: sigo comprando y dándole al diente.
Uno de los descubrimientos del Otoño: el zumo de granada. Qué rico, y se queda la lengua áspera, y qué granate, ¡todo emociones!  De dos granadas sale un vaso de zumo. Me encantan las máquinas que estrujan sólidos para producir líquidos. También me gusta ver cómo estrujan la caña de azúcar, y el coco. Las olivas porque no las he visto, seguro que me encantaría ver el estrujamiento.
Una china con el pelo muy largo.
Yo no iba a comprar nada, pero vi estas zapatillas y eran -casi- del mismo color que el bolso, y con los zapatos enloquezco; me los llevé puestos.
Luego, fui a recoger los zapatos que había encargado. Son una copia de los que me hice hace tres años azules. Me gustaron taaaanto, pero tenían un agujero en la suela de tanto caminar y ya no daba la cosa para más. Los nuevos ¡naranjas!
El jackfruit (fruta del árbol de jack) es espectacular.
Y esto también. Siempre me quedo embobada mirando las frutas con caramelo. Brillan como un semáforo.
Fui por primera vez a The silk road, un restaurante de estilo de cocina de Xinjiang –oeste de China- y de todos los del estilo, de momento es mi favorito.
En restaurantes de Xinjiang, o nepalíes, o turcos, es la única oportunidad de encontrar yogur natural sin azúcar ni sabores chungos añadidos. En China el yogur es un horror. Sólo basta decir que no existe el yogur sin azúcar.
Crema de alubias verdes. Era un poco dulce. Y con cada cucharada rascabas un poco las paredes de la calabaza.
Té con leche y cerveza servida en un híbrido de tubo de ensayo y jarrón que pretendía ser un vaso. Recipiente ideal para echarte la cerveza por la pechera.
Estas dos sopitas eran una pasada. A la izquierda un caldo de pollo con espárragos y setas.  A la derecha una sopa picante con espinacas y tortellinis de carne.
A la izquierda ternera, a la derecha los famosos pinchos de cordero que están en todos los restaurantes uigures.