Saturday, January 12, 2013

Museo Balenciaga


Qué cielo tan azul tiene España, y qué limpia está la atmósfera, y qué tristón está el país.
No iba a Guetaria desde niña. Es un pueblecito encantador, para pasar un día, lo de vivir allí tiene que ser, no sé cómo tiene que ser, ¿claustrofóbico?

Además, allí no existe el invierno. Y  a veces, me pregunto qué hago viviendo en un sitio en el que se respira veneno. Pero me lo pregunto poco rato, y en seguida, paso a otros pensamientos más estimulantes.
Al fin fui al museo Balenciaga, gracias a Blanca que organizó una excursión chupi en su furgoneta. El transporte público en España deja que desear. Desde Logroño, aunque está muy cerca, es imposible ir, ver el museo y volver en el día.
Disfruté como una enana. No conocía mucho la primera etapa de Balenciaga, y lo de los vestidos goyescos me hizo gracia. Algunas prendas están acompañadas de un monitor en el que se puede ver el despiece. Lo mejor de Balenciaga es que era escultor. De todos modos, pedazo de museo y podía haber más cosas. Dicen que están en proceso de restauración. Espero que no se las hayan dejado a la restauradora del Ecce Homo.
Aunque la ropa que se exhibe está usada parece más nueva que la que está en las tiendas

Tuesday, January 1, 2013

Gracias China Eastern, gracias Iberia por arruinar el principio de mis vacaciones


El vuelo de China Eastern llegó con mucho retraso a Roma. Nos estaba esperando una azafata a los que íbamos a Madrid para guiarnos a la carrera hasta el otro avión. Sin tarjeta de embarque. ¿Y la maleta? “No os preocupéis, la maleta ya está en el otro avión”. Mentira cochina. Nuestras maletas se quedaron en Roma. En Barajas, atención al cliente de Iberia: “Lo mejor que puedes hacer es quedarte 24 horas esperando en el aeropuerto para conseguir tu maleta”. Sabio consejo, gran plan. Después de 16 horas de vuelo, pasarme la Nochebuena con jetlag y catarro tirada en un banco de Barajas. “¿Y la otra opción?”. “Una agencia de transportes enviará tu maleta hasta tu domicilio en Logroño”. Me voy a Logroño. Como anunciaron, 24 horas después mi maleta había llegado a Barajas, entonces, llegó el 24 y el 25 y el 26… Sin nada que ponerme, sin una crema que darme en la cara, sin secador de pelo, sin nada de nada en una palabra. Cada noche me lavaba a mano la misma ropa que me había puesto para el vuelo. Llamo el 25: “El 26 por la mañana le entregarán la maleta en su domicilio a partir de las 9.30”. Mentira cochina. Toda la mañana en casa esperando la maleta. Me quedo sin ver a una de mis mejores amigas, esperando la maleta. El 26 por la tarde llamo a Iberia. “En realidad, no sabemos cuándo le entregarán su maleta. No le podemos dar el teléfono de la agencia de transporte”.
El 26 por la noche, la conseguí. Nunca me había alegrado tanto de ver mi maleta.
Lo malo es que vuelvo a China con China Eastern otra vez.
Por cierto, les deseo un felicísimo 2013.

Tuesday, December 18, 2012

Otro fin de semana raro: 2ª parte

El sábado fue un día largo y raro, tan largo fue, que el domingo lo pasé durmiendo: eché la siesta de la mañana, eché la siesta de la tarde. Pensé que no conseguiría conciliar el sueño por la noche, pero qué va, dormí como un lirón.
Por la mañana hice mil recados última hora pre-viaje a España. Después fui a un curso de Mahjong en una academia de idioma chino. Hace años que les llevo pidiendo a los chinos que conozco que me enseñen a jugar a Mahjong, pero ninguno quiere, todos dicen que es un aburrimiento. A mí los juegos de mesa me dan un sopor absoluto, pero como es algo tan de aquí, pues por saber, sin más. Ahora resulta, que también debería enseñarlo en el cole, va con el tema que estamos dando; y como justo recibí un mail de esta academia que decía que te enseñaban a jugar gratis, pues fui.
Hace años les pregunté por los precios de las clases de chino, por eso tenían mi mail. Desde entonces, me bombardean sin piedad con correos. Y justo, vi lo del Mahjong en la carpeta spam y lo abrí. Ahora que he hecho el curso, me voy a enterar de lo que es bueno, amenazaron con llamarme en enero para ver si ya estoy preparada para ir a clase de chino.
Lo más curioso de este curso fue: que era la única alumna (porque llegué a la hora que decía el mail, y cuando llegué allí me dijeron que era una hora y media más tarde); que 5 personas, hablando simultáneamente en un chinglish incomprensible, me querían enseñar a jugar; que todos eran simpatiquísimos de asustar, se les veía tan felices, tan emocionados, tan exaltados… tan locos en una palabra, por enseñarme a jugar Mahjong; que el grupo de los 5, era un grupo de nefastos profesores: como enseñen el idioma chino como enseñan a jugar a Mahjong, estamos apañados.
Por si alguien no sabe lo que es el chinglish, aquí unos ejemplos. El chinglish es algo divertido, tienes a un chino delante de ti que cree que te está hablando en inglés, pero en realidad está haciendo traducciones literales del chino, y hace unas frases que hay que pensar mucho rato para saber de qué está hablando, a menudo, sin deshacer el entuerto. Si es escrito, es lo mismo, pero se avanza más rápido en el descifrado y dado el contexto:

He vuelto a hacerlo. No quería comprar nada y he vuelto a comprar:
Después de los hoteles, fuimos a una fiesta. No conocíamos a nadie en la fiesta, nadie nos había invitado. E había visto la fiesta anunciada en Facebook, con la dirección hecha pública, y le había gustado uno que salía en la foto. La fiesta empezaba a las 10, y llegamos a las 10. Muy mal, ya. Pero yo me quería ir a casa, no quería ir a una fiesta, y era a las 10 o nunca. La fiesta no había comenzado, ni siquiera habían puesto música. Y allí estábamos. Nadie nos conocía. A penas una decena de personas en el salón de su casa. Una mesa con ganchitos, coca-cola, cerveza Suntori…  Al final, los anfitriones nos preguntaron a quién conocíamos. A nadie, pero ellos nos habían invitado, habían invitado a cualquiera que viera su anuncio en Facebook. Era una fiesta de piso de estudiantes, había un español, unas checas, algunos chinos, eran todos muy jovencitos, y nos miraban con cara de miedo. Además, íbamos disfrazados, porque veníamos de la ruta de los hoteles de cinco estrellas. E llevaba hasta traje, y la camisa hecha a medida, y los zapatos con lustre. Nos miraban, raro, raro, raro. Yo desde que llegué estaba con un pie en la puerta, pero E quería hacer amigos, o ligar, o quién sabe; y les daba palique: “¿Estudias o trabajas?”. Nadie estaba borracho, las luces estaban encendidas, no había música, nos miraban con recelo y estupor. Yo llevaba en el bolso todo el dinero que había cambiado en el banco por la mañana para llevarme a España, como para tomarme una copita y dejar el bolso por ahí abandonado. No me interesaba un pimiento la fiesta. Me fui. A E se le empañaron los ojos, se lo tomó como quien abandona a un bebe en la puerta de un orfanato. Es que, ¡menudos planes que prepara! Luego dice que nunca hacemos las cosas que le apetecen a él, pero ¡cómo vamos a hacer lo que le apetece a él!