Sunday, May 12, 2013

Otra vez es mi cumpleaños

Si parece que el anterior cumpleaños fue la semana pasada en vez de hace un año... Jopé, tengo un carro de años. Pero al menos estoy viva. He cogido un taxi, y en la calle Fuxing había un coche cruzado en medio, probablemente cambiando de sentido –en China se puede hacer cualquier cosa en la carretera. Mi taxista lo ha embestido a saco. No ha pasado nada, pero se le ha chafado la puerta y casi no la podía abrir. Y va y me dice: “Uy, no puedo llevarte. Mira, me ha destrozado el coche éste”. Cuando era obvio que lo habíamos embestido nosotros. Y se han quedado allí discutiendo, como hacen los chinos, durante mil horas sobre quién era el que iba a pagar a quién. Le he preguntado si estábamos muy lejos de la calle Baoqing. Y me ha dicho: “¡Qué va! ¡Si está aquí al lado!”. He empezado a caminar, y a caminar, y a caminar, y he llegado tarde a mi propio cumpleaños. Estaba a unas 7 manzanas (chinas) de distancia.
Para mi sorpresa, me han hecho muchos regalos los amiguitos. Pero el más chulo ha sido el de M: ¡Una entrada para el teatro! ¡Carambaina!
Después de comer yo quería un café, pero J – que tiene muchas dotes de mando, no en vano es manager- ha dicho que íbamos a Whisk, y como a todos parece haber entusiasmado la idea, hemos ido. Yo sabía que nada bueno podía pasar allí, es un sitio especializado en cosas de chocolate. Y así ha sido, me he tomado una copa de mousse de chocolate gigante, Dios mío, Dios mío, Dios mío, lo que me faltaba. Y no he dejado nada, porque a mí me enseñaron que no se deja nada en el plato.
Después hemos ido a la tienda de las películas, que aunque voy casi semanalmente, siempre hay algo que rascar. Aunque tanto, tanto rascar, me trago cada bodrio y cada somnífero fílmico que no me explico cómo hay gente que necesite pastillas para dormir cuando hay cine que hace las veces.
Luego, hemos ido a una terraza en un sitio muy tranquilo con jardín, se estaba muy bien. Y luego, he quedado con E para celebrar el cumpleaños otra vez, porque el Sr. X y E, si antes eran amigos, ahora se odian a muerte. Y el Sr. X no puede ni ver la dirección de E cuando envío un mail conjunto a varias personas, porque se le revuelve el estómago. Hemos cenado en un tailandés. Estaba todo muy rico, hasta que E ha dicho: “No encuentras un sabor extraño en este pez”. Esto no se puede decir en China, porque se te corta el rollo. Sobre todo si te lo dice un chino que su cuerpo ha generado un antídoto natural a los venenos chinos, y no son tiquismiquis como los extranjeros. Le he dicho: “Hombre, sabe a río, y los pescados de río chinos ya sabemos que no tienen buen sabor, pero así con los chiles, la lima… ¿no crees que da el pego?”. Entonces me ha dicho: “¿Sabes que en Estados Unidos está prohibido consumir pescado de río porque hace muchos, muchos años, cuando el país estaba en desarrollo como China, las fábricas vertían veneno a los ríos y los peces estaban contaminados?”. Y entonces, le he dicho que he leído que el 80% de los ríos en China están seriamente contaminados. Y al final, el pez se ha quedado en el plato con su rica salsa de chiles y zumo de lima.
Hemos ido al supermercado del templo de Jing An, que cierra de noche, a comprar caramelos para los niños, porque, siento un poco que son mis amigos. A ver, son mis alumnos, pero me caen mucho mejor que los profesores. Mañana lunes, ¡uf!


Friday, May 10, 2013

El tercer desfile

Hoy ha sido el tercer desfile del colegio. Ya se ha acabado, ¡qué bien! Esta semana ha sido un sin vivir. Ayer un alumno tenía la camisa a medio coser, casi me da un sin-co-pe-pe. No ha dormido, pero ha acabado la camisa. Pobrecitos, cuánto les hago trabajar. Qué listos y qué artistazos son estos niños.
Los alumnos de Fashion I, han hecho la "forma T":
Los alumnos de Fashion II han hecho una camisa.
Las pelucas de papel mache, de Ms art I y Asian Art.

Sunday, May 5, 2013

"Jiro dreams of sushi"

Es un documental de David Gelb, 2011, sobre el restaurante y la persona de Jiro Ono: el supuesto mejor chef de sushi del mundo. Su restaurante,  Sukiyabashi Jiro tiene 3 estrellas Michelín. 
Lo interesante del documental, no es el documental en sí, ni siquiera la cocina. Porque no te explican nada: que lo que hacen es muy sencillo, pero que son maestros en hacer las cosas más simples bien. Lo interesante del documental es cómo se trasluce la manera de pensar japonesa, la jerarquía familiar, la importancia del trabajo bien hecho.
 
¿Qué dice este señor? Trabajo, trabajo, trabajo.
Aquí el equipo: al frente Jiro Ono (85 años), detrás el hijo pequeño y el hijo mayor. Más atrás, los ayudantes de cocina.
Se nota cierta tensión familiar. El hijo mayor, que anda por los cincuenta y algo, es todavía aprendiz, al más puro estilo castigador japonés. El padre, que cualquier día se retira, ahora dice que puede que su hijo ya esté preparado para hacer sushi. (Sólo faltaba que no lo estuviera). Y aunque tienen un restaurante muy exitoso (hay que reservar con meses de antelación, y te saquean unos 300 euros por 20 bocados de sushi), parecen todos muy preocupados en el documental sobre el futuro de su restaurante y de sus vidas. Dice el padre: ay, ay, no es suficiente que mi hijo haga el sushi tan bien como yo, al ser el siguiente eslabón en la cadena, me tiene que superar, tiene que innovar más allá de mi trabajo, si no, se irá todo al garete. El hijo pequeño, vio hace muchos años que allí no le iban a dejar meter baza nunca, y abrió su propio restaurante. Algunos clientes, dicen que incluso lo prefieren, porque el sushi está igual de rico, es más barato, y no tienen al abuelo mirándoles fijamente a los ojos mientras saborean un bocado (lo cual, a todos intimida, aseguran).
Sí, tensión, se masca la tensión. Se nota que a los ayudantes de cocina les cae cada bronca que pa qué. El hijo llora cuando, después de años tirándolo a la basura, al final su padre aprueba cómo le sale el sushi de tortilla (dicen que es el más difícil). Su padre, no lo dice así, pero lo que quiere decir, o yo comprendo, es: “Sí, lo sé, soy un cabrón. Pero esto es así”.

El restaurante es muy pequeño y está bajo tierra, ¡en el metro! ¡Qué mal gusto! El documental dice que está limpio-limpísimo. Creo que esto es una idea de la belleza en Japón. No me acuerdo dónde leí que el significado literal de la palabra bonito o bello en japonés, quería decir limpio. Esto es muy distinto en China, ja, ja.
Unos extractos del documental:
http://www.youtube.com/watch?v=6-azQ3ksPA0 
http://www.youtube.com/watch?v=-MyYxs0CyxQ 
Jöel Robuchon, el mismo chef que recomendó a Miterrand a Danièle Mazet-Delpeuch, dice que es uno de sus restaurantes favoritos en el mundo. ¿Alguien quiere venir conmigo?
 

Friday, May 3, 2013

"Les saveurs du palais"



Es una película de Christian Vincent, del 2012, sobre Danièle Mazet-Delpeuch, la cocinera de François Miterrand.
La película presenta a Miterrand como un abuelito gourmet hastiado de los esnobismos que le sirven a la mesa cada día. Quiere en su plato “lo mejor de Francia”, las trufas, el foie,... No quiere pétalos de rosa de azúcar que decoren su plato. En la vida real, Miterrand decía: “Necesito recuperar el gusto de las cosas, quiero reencontrarme con la comida de las abuelas”.
Un reputado cocinero le recomienda a Danièle Mazet-Delpeuch, una cocinera rústica. Cuando llega al Elíseo, no se lo ponen muy fácil. Además de ser franceses, son machistas y tienen celos; enseguida se convierte en la favorita de Miterrand. 
Los cocineros malotes

No tiene interés como película, pero al que le gusten las cocinillas la puede disfrutar. Para el rodaje, utilizaron unas manos distintas a las de la actriz para los planos cortos. Los platos se prepararon a medias entre unos cocineros profesionales y una estilista de comida. Ya que, lo que mejor sabe, no es precisamente lo que más apetecible resulta  a la cámara y al revés.
Aquí un extracto de la película.