Cuando el taxista me preguntó dónde tenía que parar en la
Ciudad Antigua, le dije que en cualquier sitio que fuera bonito. Se le
levantaron las cejas y me dijo con convencimiento: “Allí no hay nada bonito”.
La Ciudad Antigua son las ruinas de principios del siglo XX. Es el recuerdo de
que Harbin fue una gran ciudad. Es una pena que lo hayan dejado echar a perder,
la mayoría de los edificios están hoy deshabitados.
Los chinos piensan que no se le puede estar quitando el
polvo a cada piedra vieja. Quizá tengan razón, es una manera práctica de
pensar. Aquí se cuida lo que se considera patrimonio de la humanidad, y sólo
desde hace veinte años. No hay dinero, tiempo ni energía para otras “piedras
viejas”. A veces ocurre, que una marca de algo se interesa por un edificio, lo
compra, restaura la fachada con una buena capa de pintura, unos neones, y lo
edifica de nuevo con fines comerciales.

Los edificios envejecen más deprisa en China que en otro
país. Un edificio nace, y nunca jamás se volverá a pintar por dentro o por
fuera, no se cambiará un cristal si se rompe, no se arreglará una tubería, no
se pondrá un ascensor. Se usará unos años, se derruirá, y edificarán otro
nuevo. En China, un edificio que tenga 20 años es una auténtica antigualla en
la que nadie quiere vivir porque está indecente. Sin ir más lejos, en Prados
Verdes-Shanghái, que era nuevo hace no mucho, acaban de construir otro idéntico
en frente. Y todos los habitantes de Prados Verdes 1 se están mudando a Prados
Verdes 2.